Archivos de la categoría Jorge Doré

A Nuestra Señora de Guadalupe

NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Eres la más hermosa de todas las mujeres;
pura, santa, divina, toda llena de rosas.
Perfumas días, tardes, noches y amaneceres
y en paz guardas mi vida sobre todas las cosas.

Madre que en los eriales haces brotar las flores
por tu querer sublime y el poder celestial,
¡no dejes que Dios vea los pálidos colores
que denotan mi alma cuando me roza el mal!

Te venero. Dichosas las fúlgidas estrellas
que iluminan el cielo de tu sencillo manto.
¡Si yo pudiera un día brillar como una de ellas
para alumbrar tu imagen con celo sacrosanto!

Bendito sea el ángel que sostiene la luna
sobre la que reposan tus delicados pies.
Un rayo de tu cuerpo debió alumbrar mi cuna
porque te siento madre dondequiera que estés.

Virgen de Guadalupe, a tus plantas me postro
humilde, suplicando tu santa intercesión.
¡Cuánto me gustaría ver grabado mi rostro
sobre la blanca tilma de tu gran corazón!

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com

Entrega

¡Bendito seas, Dios crucificado,
hombre de mil dolores, Jesús mío,
cuya muerte sellara el hierro frío
con un punto y aparte en tu costado!

Fruto del árbol de la eterna vida
que sigue prodigándose a pedazos
en cada altar. Acógeme en tus brazos
que he de besarte herida por herida.

Al pie estoy de tu cruz, con sed de cielo,
de servirte de apóstol y testigo
que agradece tu sangre y tu dolor.

Mas si no tienes para mí un consuelo,
¡acéptame cual grano fiel de trigo
que aspira a la molienda de tu amor!

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com

Piedad

Santa Madre de Dios, ¿qué sufrimiento
se puede comparar a tu agonía
de recibir al hijo macilento
-a tu Jesús- bajo la cruz sombría?

Y en el altar de tus maternos brazos
arrancar las espinas de su frente,
abrazarte a su carne hecha pedazos
y repasar sus llagas tiernamente…

¿Qué angustia puede ser más tormentosa
que el repudio del bien, que ver al mundo
queriendo prescindir de la alborada?

Ese día, tu rostro fue una rosa
marchita de dolor. Y en lo profundo,
sangró tu alma al filo de la espada.

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com

Hijos de nunca, es hora

A los abortados del mundo

Hijos de nunca, es hora de teneros en cuenta
-tantos rostros sin nombre, tantos nombres sin rostros-.
Por cada malogrado capullo en las entrañas
se levanta este canto de amor para vosotros.

Diminutos encajes, seres deshilachados,
brutalmente arrancados del íntimo telar
donde se entretejía la esperanza futura,
gotas de agua que nunca llegasteis hasta el mar.

Sueños desvanecidos, resquebrajados vasos
por los que se fugaron vuestras trémulas almas,
calendarios privados de la gracia del ciclo,
tiernos soles extintos detrás de la alborada.

Delicadas promesas que escuchabais la vida
retumbar, insistente, como vital tambor…
vosotros no heredasteis la canción del latido,
para vosotros nunca llegó a abrirse el telón.

Jamás sobrepasásteis la ración del suspiro,
víctimas sofocadas por trágicas mordazas
de vientres decididos a fungir de cadalsos
-vuestras madres optaron por el filo del hacha-.

Hijos de nunca, es hora de que alguien os conceda
un gesto de empatía, un recuerdo piadoso,
de que se os reivindique como a seres humanos
aunque os hayan barrido como a rojos escombros.

Tendednos vuestras manos, o lo que queda de ellas,
juntad vuestros pedazos y, si os permite el cielo,
venid a nuestros tristes corazones de luto
y reposad en ellos. Perdonad el mal hecho.

Quiero, si estáis de acuerdo, que en mi reloj de arena
tengan siempre cabida vuestros pequeños granos.
Aceptad, por justicia, un sitial en mi alma
que es deber de conciencia y humilde desagravio.

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com

Búsqueda

Crucé vastos desiertos, paraísos en ruinas,
amasé falsedades que tiznaban de luz,
deambulé como ciego tras ciegas multitudes,
-alquimista de plomo, emigrante hacia el sur-.

Devoré bibliotecas, bebí de ocultas fuentes,
mordí frutos prohibidos, me sumí en el desdén;
recorrí cada valle, escalé cada monte,
bebí todas las lluvias y aún seguía con sed.

Me inicié en los los misterios, descifré laberintos,
naufragué entre preguntas de un gran mar interior,
pero un hondo vacío llenaba mi existencia
como el eco de un templo sin consagrar a Dios.

Hasta un día,
que caí de rodillas con los brazos cansados
a la bendita sombra de una sencilla cruz
y sentí que se abrían las puertas de mi alma
y que la paz llegaba diciendo: "Soy Jesús".

Jorge Antonio Doré
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Ante el altar

Señor, ¿me reconoces? Soy el viejo habitante
del valle de las sombras que hoy se vuelve a la luz.
Me he propuesto seguirte de ahora en adelante,
pienso unirme a Tu vida como el clavo a la cruz.

Vengo a rozar la orla de Tu túnica blanca
con mis manos culpables de pecado y de ausencia.
Por tu misericordia, renuévame y arranca
la cizaña que encuentres prendida a mi conciencia.

Señor, ¿me reconoces? Debajo de esta costra
de polvo y de cenizas, hoy se rebela un muerto
que, hastiado ya de huesos y gusanos, se postra
como Tú te postraste de noche en aquel huerto.

Te encomiendo mi vida. Te entrego mi pasado.
Dispón de mi presente para que en el futuro
llegue a la puerta estrecha humilde y consagrado,
no apóstata y rebelde, no réprobo y oscuro.

Sé que me reconoces. Puedes verme por dentro.
Tú penetras las almas cual la luz al cristal.
Por fin todas mis cosas giran en torno al centro.
Por fin hallo el descanso. Por fin vuelvo a ser sal.

Jorge Antonio Doré
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En tus santas pupilas

NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Virgen de Guadalupe, santa madre del Verbo,
hermosa y tan humilde que vistes con ayate,
traigo mi alma cristiana desolada cual cerro
y aguardo rosas frescas que me alegren el viaje.

En días tenebrosos me iluminan tus rayos,
en noches interiores me orientan tus estrellas
y bajo el poderoso refugio de tu manto
una íntima paz baña de gracia mi existencia.

Me rindo ante tu imagen -al pie de tanta gloria-
con filial sentimiento, con devoción profunda.
Tú has convertido en carne mi corazón de roca
y me has ido puliendo con la luz de tu luna.

Suplico aquellos dones que Dios te ha prodigado
para nosotros, pobres y vanos pecadores.
¡Por tu misericordia, haz que con tu rosario
pueda volver diamantes mis más negros carbones!

Contigo, uno mis manos en oración al Padre
y te devuelvo flores que hoy crecen en mi alma.
Tu presencia hace menos amargo nuestro valle
a pesar de las piedras que desgarran las plantas.

Virgen de Guadalupe, te encomiendo mi vida.
Que cuando Dios reciba mi suspiro postrero
me descubra entre aquellos que habitan tus pupilas
pues tus ojos piadosos abren la puerta al cielo.

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com

Tu fe

Tu fe debe ser simple. Simple como la vela
que aleja la tiniebla de un oscuro rincón,
simple como la espuma de la obediente estela
que escribe sobre el agua su lineal oración.

Debe ser como el grano de mostaza pujante
que un día toca el cielo con brazos de madera
y ha de crecer humilde, fervorosa, constante,
austera por adentro, generosa por fuera.

No dejes que te abrumen ni letras ni criterio.
Si verdaderamente quieres hallar la luz
construye, pecho adentro, tu propio monasterio
y busca tus respuestas abrazado a la cruz.

Tu fe debe ser simple; no abundes en razones.
No dejes que tu alma se convierta en desván.
Que sean, no lo olvides, tus consideraciones,
tan simples como el vino, tan simples como el pan.

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com

Canto a los abortados de la tierra

Cerremos nuestros ojos en silencio.
Guardemos un minuto de negrura
por aquellos que nunca recibieron
la luz en sus pupilas diminutas.
Sus voces se apagaron y sus cuerpos
quedaron fracturados como lunas
—capullos que la hoz dejó tendidos
un otoño de madres vueltas tumbas—.
Guardemos un minuto de conciencia
ante la resta que venció a la suma,
ante la errata que hizo a la palabra
desmoronarse en la traidora hondura.
Sean los abortados de la tierra
rememorados cada noche oscura
desde donde suplican a sus madres
una razón para sus vidas truncas.
Hay un monte de alas arrancadas
esperando por Dios, y hay una absurda
autoconsolación en la que mata,
en la que al "sí" responde: ¡nunca!, ¡nunca!.
¿Quién aboga por las almitas frías
que jamás estrenaron la dulzura
materna, ni el encaje ni el elogio,
que pudiendo ser mar, fueron espuma…?
¡Quiera Dios que este canto desgarrado
logre prender la llama de una duda
en alguna mujer donde la espiga
esté temblando dentro de su urna!
Abramos nuestros ojos y roguemos
que llegue la esperanza a cada cuna.
¡Que la luz se haga en todas las pupilas
y el amor triunfe en todas las penumbras!

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com


Otra vez

Otra vez, hijo pródigo, regreso
por el mismo sendero arrepentido
como el que reaparece del olvido
después de haber estado un tiempo preso.

Otra vez, cabizbajo, me arrodillo
y me postro a tus pies bañado en llanto
y me cubres los hombros con tu manto
y me besas la sien como a un chiquillo.

Esta escena la has visto repetida
tantas veces que sólo tu grandeza,
Jesús, me reconstruye en el perdón.

Hijo pródigo soy toda la vida
porque sé que a pesar de mi flaqueza
siempre rescatarás mi corazón.

Jorge Antonio Doré
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