Archivos de la categoría Aborto

Hijos de nunca, es hora

A los abortados del mundo

Hijos de nunca, es hora de teneros en cuenta
-tantos rostros sin nombre, tantos nombres sin rostros-.
Por cada malogrado capullo en las entrañas
se levanta este canto de amor para vosotros.

Diminutos encajes, seres deshilachados,
brutalmente arrancados del íntimo telar
donde se entretejía la esperanza futura,
gotas de agua que nunca llegasteis hasta el mar.

Sueños desvanecidos, resquebrajados vasos
por los que se fugaron vuestras trémulas almas,
calendarios privados de la gracia del ciclo,
tiernos soles extintos detrás de la alborada.

Delicadas promesas que escuchabais la vida
retumbar, insistente, como vital tambor…
vosotros no heredasteis la canción del latido,
para vosotros nunca llegó a abrirse el telón.

Jamás sobrepasásteis la ración del suspiro,
víctimas sofocadas por trágicas mordazas
de vientres decididos a fungir de cadalsos
-vuestras madres optaron por el filo del hacha-.

Hijos de nunca, es hora de que alguien os conceda
un gesto de empatía, un recuerdo piadoso,
de que se os reivindique como a seres humanos
aunque os hayan barrido como a rojos escombros.

Tendednos vuestras manos, o lo que queda de ellas,
juntad vuestros pedazos y, si os permite el cielo,
venid a nuestros tristes corazones de luto
y reposad en ellos. Perdonad el mal hecho.

Quiero, si estáis de acuerdo, que en mi reloj de arena
tengan siempre cabida vuestros pequeños granos.
Aceptad, por justicia, un sitial en mi alma
que es deber de conciencia y humilde desagravio.

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com

Canto a los abortados de la tierra

Cerremos nuestros ojos en silencio.
Guardemos un minuto de negrura
por aquellos que nunca recibieron
la luz en sus pupilas diminutas.
Sus voces se apagaron y sus cuerpos
quedaron fracturados como lunas
—capullos que la hoz dejó tendidos
un otoño de madres vueltas tumbas—.
Guardemos un minuto de conciencia
ante la resta que venció a la suma,
ante la errata que hizo a la palabra
desmoronarse en la traidora hondura.
Sean los abortados de la tierra
rememorados cada noche oscura
desde donde suplican a sus madres
una razón para sus vidas truncas.
Hay un monte de alas arrancadas
esperando por Dios, y hay una absurda
autoconsolación en la que mata,
en la que al "sí" responde: ¡nunca!, ¡nunca!.
¿Quién aboga por las almitas frías
que jamás estrenaron la dulzura
materna, ni el encaje ni el elogio,
que pudiendo ser mar, fueron espuma…?
¡Quiera Dios que este canto desgarrado
logre prender la llama de una duda
en alguna mujer donde la espiga
esté temblando dentro de su urna!
Abramos nuestros ojos y roguemos
que llegue la esperanza a cada cuna.
¡Que la luz se haga en todas las pupilas
y el amor triunfe en todas las penumbras!

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com


Veredicto

Ajeno al veredicto, el hijo duerme,
duerme en cuna de agua en paz profunda
mientras su madre se acaricia el vientre
dudando si volverse nido o tumba.

Inquieta, suma, resta y delibera
-jurado y juez a un tiempo- sin testigos
que puedan defender esa inocencia
que crece en sus entrañas como niño.

No. Tal vez no dé a luz y le encomiende
su flor a un jardinero sin conciencia
que arrancará del surco su simiente
como quien se deshace de una piedra.

Quizás esas pupilas diminutas
no estrenen claridades del mañana
ni observen el entorno de la cuna
donde el amor se viste de esperanza.

Quizás esos pequeños pies no lleguen
a intentar horizontes, y esas manos
hambrientas de caricias, nunca entierren
su peso en el refugio de un regazo.

Acaso queden frases nunca dichas
por labios que aún se deben perfilar,
y esa frente que hoy se abre hacia la vida
se eclipse antes del acto de pensar.

La madre saca cuentas. Duerme el niño;
duerme en sombras. Confiado. Y duerme en paz
ajeno al decisivo veredicto
de portazo de sangre… o de hijo,
de milagrosa vida… o de final.

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com