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Bases del Humanismo Cristiano

LA VOZ DEL PADRE COMÚN
BASES DEL
HUMANISMO CRISTIANO

Discursos y Mensajes de S.S. Pío XII (1949)

El humanismo constituye hoy la orden del día. Sin duda alguna existe una gran dificultad en formar y reconocer, al través de su evolución histórica, un claro concepto de su naturaleza. Con todo, aunque el humanismo declaró por mucho tiempo estar opuesto formalmente a la edad media que le precedió, lo cierto es que todo lo que contiene de verdadero, de bueno, de grande y de eterno pertenece al mundo espiritual del más grande de los genios del Medioevo, Santo Tomás de Aquino.

El Humanismo es problema de actualidad

En líneas generales, el concepto del hombre y del mundo, trazado por la perspectiva cristiana y católica, sigue siendo esencialmente el mismo, de donde es igual en San Agustín, Santo Tomás y Dante, como sigue siendo el mismo en la filosofía cristiana moderna. La obscuridad de ciertas cuestiones filosóficas y teológicas, que han sido aclaradas y gradualmente resueltas con el transcurso de los años, no disminuye un ápice la realidad de este hecho.

Su concepto cristiano es el mismo a través de los tiempos.

Sin hacer caso a las opiniones veleidosas que han aparecido en diversos períodos de la historia, la Iglesia ha afirmado el valor de todo lo humano y de todo lo que está en conformidad con la naturaleza, y sin titubeo ninguno ha tratado de desenvolver este valor y colocarlo en su propio y evidente lugar.

La Iglesia afirma el valor de lo humano:

Por eso no admite, por ejemplo, que el hombre sea, a los ojos de Dios, simple corrupción y pecado; por el contrario, a los ojos de la Iglesia, el pecado original no afectó íntimamente las aptitudes y las fuerzas internas del hombre, sino que, por el contrario, dejó esencialmente intactos la luz natural de su inteligencia, y su libre albedrío. Ciertamente el hombre en su ser se encuentra herido y debilitado por la pesada herencia de una naturaleza caída, privada de los dones sobrenaturales y preternaturales. Empero, él debe hacer un esfuerzo para observar la ley natural, con la poderosa ayuda de la gracia de Cristo, para que pueda vivir como el honor de Dios y su dignidad de hombre lo exigen.

sabe que el hombre conserva, a pesar de la caída, la inteligencia y el libre albedrío; debe esforzarse por observar la ley natural,

La ley natural, he aquí el fundamento en que descansa la doctrina social de la Iglesia. Es precisamente su concepción cristiana de la vida lo que ha inspirado y sostenido a la Iglesia, al levantar esta doctrina sobre tales fundamentos. Cuando lucha y vence por defender su propia libertad, lo hace realmente por la verdadera libertad y por los derechos fundamentales del hombre. A sus ojos estos derechos esenciales son tan inviolables, que no hay razón de Estado ni pretexto de un bien común que puedan prevalecer contra ellos. Están protegidos y custodiados por una muralla inexpugnable, y hasta sus bases puede el bien común legislar como quiera, mas no puede traspasar esta muralla, no puede tocar siquiera estos derechos, porque constituyen lo más precioso del bien común, precisamente.

Si se hubiera respetado este principio, cuántas tragedias y catástrofes y cuántos peligros amenazadores podrían evitarse. Este simple principio podría por sí solo renovar la faz social y política del mundo.

fundamento de la doctrina social de la Iglesia. Cuando ella lucha por su libertad, lucha en verdad por la libertad y los derechos humanos, que no pueden ser violados por ninguna razón de Estado ni pretexto de bien común.

Mas, ¿quién, sin embargo, va a rendir este respeto incondicional a los derechos del hombre, sino el que sabe que vive bajo la mirada omnisciente de un Dios personal?

Un sentido común sano puede hacer muchísimo cuando acepta lo que la fe cristiana enseña: puede salvar al hombre de las garras de la tecnocracia y del materialismo.

El destino del hombre no descansa en un “Geworfensein”, en un abandono absoluto. El hombre es la criatura de Dios, y vive constantemente bajo su guía y bajo la vigilancia de su Providencia paternal. Laboremos, entonces, por revivir en las nuevas generaciones la confianza en Dios, en sí mismas, y en el futuro, y de este modo, hagamos posible la aurora de un orden más tolerable y feliz.

La fe en Dios es el fundamento de este respeto, y puede salvar al hombre de la tecnocracia, del materialismo y del abandono absoluto.

Octubre 12.
A los miembros de la Convención Internacional de Estudios Humanísticos. En francés.

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Dios Existe (3)

P. A. Hillaire – La Religión Demostrada

PRIMERA VERDAD
DIOS EXISTE
(TERCERA PARTE)

(leer segunda parte)

3. La existencia del hombre, inteligente y libre

9. ¿Podemos demostrar particularmente la existencia de Dios, por la existencia del hombre?

Sí; por la existencia del hombre, inteligente y libre, llegamos a deducir la existencia de Dios, pues no hay efecto sin causa capaz de producirlo.

Un ser que piensa, reflexiona, raciocina y quiere, no puede provenir sino de una causa inteligente y creadora; y como esa causa inteligente y creadora es Dios, síguese que la existencia del hombre demuestra la existencia de Dios. Podemos decir por consiguiente: Yo pienso, luego existo, luego existe Dios.

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Pentecostés

Cincuenta días después de Pascua
PENTECOSTÉS

PENTECOSTÉS

Exposición dogmática

Pascua y Pentecostés, con los 50 días intermedios, se consideraban como una sola fiesta continuada a que llamaban Cincuentenario1. Primero se celebraba el triunfo de Cristo; luego su entrada en la gloria, y por fin, en el día 50, el aniversario del nacimiento de la Iglesia. La Resurrección, la Ascensión y Pentecostés pertenecen al misterio pascual. «Pascua ha sido el comienzo de la gracia. Pentecostés su coronación» dice S. Agustín, pues en ella consuma el Espíritu Santo la obra por Cristo realizada. La Ascensión, puesta en el centro del tríptico pascual, sirve de lazo de unión a esas otras dos fiestas. Cristo, por virtud de su Resurrección, nos ha devuelto el derecho a la vida divina, y en Pentecostés nos lo aplica, comunicándonos el «Espíritu vivificador». Mas para eso debe tomar primero posesión del reino que se ha conquistado: «El Espíritu Santo no había sido dado porque Jesús aún no había sido glorificado».

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Dios Existe (2)

P. A. Hillaire – La Religión Demostrada

PRIMERA VERDAD
DIOS EXISTE
(SEGUNDA PARTE)

(leer primera parte)

2. Movimiento, orden y vida de los seres creados

5. ¿Puede demostrarse la existencia de Dios, por el movimiento de los seres creados?

Sí, porque no hay movimiento sin motor, es decir, sin alguna causa que lo produzca. Ahora bien, cuanto existe en el mundo, obedece a algún movimiento que tiene que ser producido por algún motor. Y como no es posible que exista realmente una serie infinita de motores, dependientes el uno del otro, preciso es que lleguemos a un primer motor, eterno y necesario, causa primera del movimiento de todos los demás. A ese primer motor le llamamos Dios.

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Dios Existe (1)

P. A. Hillaire – La Religión Demostrada

PRIMERA VERDAD
DIOS EXISTE

Existe un Dios supremo y eterno, creador y conservador del universo

 

1. ¿Cuál es la verdad primera, que ningún hombre debe ignorar?

La existencia de Dios, es decir, de un Ser eterno, necesario e infinitamente perfecto, Creador de cielos y tierra, absoluto Señor de todas las cosas, a las que Él gobierna con su Providencia. Esta es la verdad fundamental, sobre la que descansa el edificio augusto de la religión, de la moral, de la familia y de todo el orden social.

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Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo

Cuarenta días después de Pascua
ASCENSIÓN DE NUESTRO
SEÑOR JESUCRISTO

ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Exposición dogmática

La segunda festividad que se celebra en el Tiempo Pascual es la de la Ascensión, coronamiento de toda la vida de Jesús.

Convenía, en efecto, que el divino Resucitado no pisase más el barro de este nuestro mísero suelo, sino que volviese al Padre en cuyo seno nació, en cuanto Dios, desde la eternidad.

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Miércoles de Ceniza

ESTACIÓN EN SANTA SABINA – ORNAMENTOS MORADOS

A imitación de los Ninivitas, los cuales hicieron penitencia bajo la ceniza y el cilicio, la Iglesia, para domar nuestro orgullo y recordarnos la sentencia de muerte que sobre nosotros recae en pena del pecado1, pone hoy ceniza sobre nuestras cabezas, diciendo: «Acuérdate, hombre, de que eres polvo y al polvo has de volver». Tenemos ahí el vestigio de una antigua ceremonia. Los cristianos que habían cometido algún pecado grave y público debían también someterse a pública penitencia, y para eso, el Miércoles de Ceniza, el Pontífice bendecía los cilicios que los penitentes iban a llevar puestos durante toda la Santa Cuarentena, y les imponía la ceniza sacada de las palmas que habían servido el año anterior para la procesión de los Ramos. Luego, mientras los fieles rezaban los Salmos penitenciales, se «expulsaba a los penitentes del lugar santo, por causa de sus pecados, como había sido arrojado Adán del Paraíso por su desobediencia» (Pontifical). Los penitentes no dejaban sus vestidos de penitencia, ni entraban en la iglesia hasta el Jueves Santo, después de haber sido reconciliados por los trabajos de la penitencia cuaresmal y por la confesión y absolución sacramentales.

MIÉRCOLES DE CENIZA

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Tiempo de Cuaresma

Exposición dogmática

El Tiempo de Septuagésima nos ha recordado cómo debe el hombre caído asociarse, por el espíritu de penitencia, a la obra redentora del Mesías. Pues en esta Cuaresma, mediante el ayuno y demás prácticas penitenciales, vamos a incorporarnos a ella de un modo todavía más perfecto. Nuestra alma rebelde a Dios se ha hecho esclava del demonio, del mundo y de la carne. Y precisamente en todo este santo tiempo nos muestra la Iglesia a Jesús ya en el desierto (Domingo 1ro de Cuaresma), ya en medio de los azares de su vida pública, combatiendo para librarnos de la triple atadura del orgullo, de la avaricia y de la lujuria, que nos esclavizan a las criaturas. Cuando por su doctrina y sus dolores nos haya redimido del cautiverio y restituido la libertad de hijos de Dios, nos dará, en las fiestas Pascuales la vida divina, que habíamos perdido. De ahí que la liturgia cuaresmal, embebida como está de las enseñanzas del Maestro y en el espíritu de penitencia del Redentor, sirviera en otro tiempo para la formación de los catecúmenos, y para mover a compunción a los públicos penitentes, que aspiraban a resucitar con Jesús el Sábado Santo, mediante la recepción del Sacramento del Bautismo, o el de la Penitencia1. Esos son los dos pensamientos que la Iglesia irá desarrollando durante la Cuaresma entera, mostrándonos en la persona de los Judíos infieles a los pecadores, que no pueden volver a Dios sino asociándose al ayuno de Jesús (Evangelio del 1er Domingo); y en la de los Gentiles, llamados en su lugar, los efectos del Sacramento de la regeneración (Evangelio del 2do y 3er Domingo) y de la Eucaristía en nuestras almas (Evangelio del 4to Domingo).

Cristo en el desierto

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Cristo resucitó, ¿resucitará la Iglesia?

Por el R. P. Bernardo Arizaga – Sacerdote de la F.S.S.P.X
Sermón del Domingo I después de Pascua

No era cosa fácil para Jesús convencer a sus mismos discípulos que Él, después de haber muerto, había vuelto a la vida. Con sus ojos, algunos lo habían visto sufrir sobre la Cruz; habían visto la herida de su pecho. Con sus manos habían tocado el frío cuerpo, lo vieron ser bajado del madero y lo habían sepultado. Por eso, no podían creer que estaba vivo: ¡Los muertos no se vuelven a la vida por sí mismos!

Sin embargo, Él, antes de morir lo había dicho. Mas la resurrección es una cosa tan difícil, que interpretaron sus palabras como una parábola.

Recordemos las dos apariciones que narra el Evangelio de hoy, las cuales hizo Jesús para que volvieran a afirmar su fe en él; y luego saquemos algún fruto para nosotros. Sigue leyendo

El Bautismo de los recién nacidos

Por el R. P. Alfonso Calsina
Sacerdote F.S.S.P.X – Salta, Argentina

¿Es necesario bautizar a los niños recién nacidos? ¿No es mejor que ellos profesen voluntariamente su intención de bautizarse cuando alcancen el uso de razón? Estos y otros interrogantes se plantean a menudo en las conciencias de los fieles católicos.
Intentaremos en estas líneas responder a ellos siguiendo las enseñanzas de la Iglesia, que como Madre amorosa quiere la salvación de sus hijos, disponiendo todos los medios para ello.

El Bautismo es absolutamente necesario para la salvación de los niños. Jesucristo instituyó este sacramento para comunicar la gracia santificante, sin la cual el alma no puede salvarse. Ahora bien, los niños no pueden obtener esta gracia sino por el Bautismo, por carecer del uso de razón. Recordemos que un adulto puede recibir la gracia santificante por el deseo voluntario, sin necesidad de recibir el sacramento (“Bautismo de deseo”); lo cual es imposible al niño.

Para explicar y probar esta afirmación recurriremos a diferentes autoridades. Sigue leyendo