Mortificación Cristiana (1)

por el Cardenal Désiré Mercier

Objeto de la mortificación cristiana

La mortificación cristiana tiene por objeto neutralizar las influencias malignas que el pecado original sigue ejerciendo en nuestras almas, incluso después de haber sido regeneradas por el Bautismo.

Nuestra regeneración en Cristo, a pesar de vencer completamente al pecado en nosotros, nos deja sin embargo muy lejos de la rectitud y de la paz originales. El Concilio de Trento reconoce que la concupiscencia, es decir, la triple inclinación de la carne, de los ojos y de la soberbia, se hace sentir en nosotros, incluso después del Bautismo, con el fin de excitarnos al combate glorioso de la vida cristiana1. La Escritura llama a esta triple concupiscencia en algún momento el hombre viejo, opuesto al hombre nuevo que es Jesús viviendo en nosotros y nosotros viviendo en Jesús, y otras veces la carne o la naturaleza caída opuesta al espíritu o la naturaleza regenerada por la gracia sobrenatural. Es este hombre viejo o esta carne, es decir todo el hombre con su doble vida moral y física, a quien es preciso, no digo ya aniquilar, pues esto es imposible mientras dure la vida presente, sino mortificar, es decir reducir prácticamente a la impotencia, a la inercia y a la esterilidad de un muerto; hay que impedir que nos dé su fruto propio, que es el pecado, y anular su acción en toda nuestra vida moral. Sigue leyendo

Mujer, tus modas indecentes me crucifican nuevamente

¡Oh, mujer, mírame a Mí, flagelado y coronado de espinas! ¡Contempla mis llagas y mis heridas..! Después, escucha y reflexiona.

Durante mi vida terrenal viví como manso cordero. Fui al Calvario sin abrir la boca.

Traté con dulzura a la Samaritana y se convirtió. Conmoví el corazón de María Magdalena, la pecadora, e hice de ella una predilecta y una Santa.

Al cruzar las calles de Palestina, pronunciaba palabras de luz, de paz y de amor. Mis enseñanzas eran dulces como la miel.

Pero un día, al echar una mirada Divina sobre todos los siglos, viendo cómo el mal inundaba impetuoso a todo el mundo y ultrajaba mis templos, pronuncié palabras de fuego: “¡Ay del mundo por los escándalos!… ¡Ay de quien escandaliza!… Sería mejor que se le atara una piedra de molino al cuello y se le arrojara al mar”. Sigue leyendo

La Esperanza y la Confianza

Sermón del IV Domingo de Cuaresma “Lætare”
P. Santiago de Jesús Estévez

En este tiempo de Cuaresma, los textos de las Misas –muchos de ellos– nos hablan del pecado y sus consecuencias; pero a la vez, la Iglesia, como buena Madre y gran pedagoga, nos propone otros, para incitar en nuestro corazón la Esperanza en el perdón y la Confianza en Dios, pues la Liturgia está hecha para la gloria de Dios en primer lugar, y luego para nuestra Santificación.

Es a lo que nos mueve el tracto de la Misa del IV Domingo de Cuaresma: a la Esperanza y a la Confianza. «Los que confían en el Señor son como el Monte Sión; jamás se tambaleará el que habita en Jerusalén. Jerusalén está rodeada de montañas; así rodea el Señor a su pueblo desde ahora y para siempre» (Salmo 124, 1-2).

¿No es acaso, motivo de confianza pensar que Dios nos protege de la misma manera que una muralla protege a una ciudad?

Para cultivar la virtud de la Esperanza y hacerla crecer en nuestros corazones son necesarias tres cosas:

    I. Apreciar, en su justo valor, los bienes eternos.

    II. Confiar plenamente en Dios.

    III. Desechar victoriosamente todo sentimiento de temor y desconfianza. Sigue leyendo

Respuestas católicas a preguntas de todos los días

¿Qué es el Ecumenismo?
Respuesta del Padre Peter R. Scott (FSSPX)

P. Peter ScottLa descripción de este movimiento de diálogo y de intercambio mutuo en cuestiones religiosas con los no-católicos, y esto sobre una base de igualdad, se encuentra primero en una Encíclica del Papa Pío XI, “Mortalium Animos – Acerca de cómo se ha de fomentar la verdadera unidad religiosa”, publicada en 1928. A continuación la descripción del Papa:

«Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin, suelen, estos mismos, organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes, e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, a cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión.» (§2) Sigue leyendo

Rincón Castellani (1)

«Los hombres se enorgullecen del mando, y eso es la ambición; se enorgullecen del talento, y eso es el engreimiento; se enorgullecen de la religión, y eso es el fariseísmo; son las tres soberbias más grandes que hay, las que han cubierto el mundo de cadáveres, de ruinas y de lágrimas… En el fondo de todo pecado está la soberbia, como en el pecado de Lucifer, como en el pecado de Adán y Eva; porque la soberbia se arraiga en la propia estimación, en la propia dignidad, en el amor propio, que es profundísimo entre nuestros instintos y sentimientos; y es una cosa muy buena, y por eso su corrupción es muy mala».

Domingo X después de Pentecostés
Domingueras Prédicas

Otra vez

Otra vez, hijo pródigo, regreso
por el mismo sendero arrepentido
como el que reaparece del olvido
después de haber estado un tiempo preso.

Otra vez, cabizbajo, me arrodillo
y me postro a tus pies bañado en llanto
y me cubres los hombros con tu manto
y me besas la sien como a un chiquillo.

Esta escena la has visto repetida
tantas veces que sólo tu grandeza,
Jesús, me reconstruye en el perdón.

Hijo pródigo soy toda la vida
porque sé que a pesar de mi flaqueza
siempre rescatarás mi corazón.

Jorge Antonio Doré
PoesíaHispana.com

La Parábola del Hijo Pródigo

Evangelio del II Sábado de Cuaresma

P. Alfonso Calsina

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este acoge a los pecadores y come con ellos”… Entonces les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde”. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”. Y, levantándose, partió hacia su padre. Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo”.

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El carpintero de Nevers

Mons. Gaume arguye en esta forma a un librepensador:

«Puesto que pretendéis que la conversión del mundo por un judío crucificado es una cosa muy natural y muy lógica, ¿por qué, después de tantos siglos, nadie ha renovado jamás el experimento? Ensayadlo vos mismo, os lo ruego. Nunca empresa alguna fue más digna de un gran corazón: vuestra filantropía, vuestra compasión por el género humano, doblegado bajo el yugo de la superstición, os prohiben rehusar el experimento propuesto; conocéis los elementos del problema y los tenéis al alcance de la mano.

Un día bajáis a las orillas del Loira, llamáis a doce marineros y les decís: “Amigos míos, dejad vuestras barcas y vuestras redes, seguidme”. Ellos os siguen; vos subís con ellos a la inmediata colina, y, apartándoos un poco, los hacéis sentar sobre el césped y les habláis de la siguiente manera: Sigue leyendo