Domingo 1 de noviembre de 2026 · Fiesta de todos los SantosFacebookInstagramContacto

Oraciones de la noche I

Pongámonos en la presencia de Dios y adorémosle.

Os adoro, oh Dios mío, postrado con profunda humildad ante vuestra presencia soberana. Creo en Vos, porque sois Verdad infalible. Espero en Vos, porque sois Bondad infinita, fiel a vuestras promesas. Os amo con todo mi corazón, porque sois sumamente amable, y amo a mi prójimo como a mí mismo por amor a Vos.

Demos gracias a Dios por los beneficios que nos ha hecho.

¿Cómo podré agradeceros, oh Dios mío, todos los beneficios que de Vos he recibido? Habéis pensado en mí desde toda la eternidad, me habéis sacado de la nada, habéis dado vuestra vida para redimirme, y día tras día, seguís colmándome de infinidad de favores. ¿Qué haré en agradecimiento de tanta bondad? Venid, Espíritus bienaventurados, y ayudadme a alabar al Dios de las misericordias, que no cesa de prodigar sus gracias a la más indigna e ingrata de sus criaturas.

Pidamos a Dios la gracia de conocer nuestros pecados.

Espíritu Santo, fuente de luz eterna, disipad las tinieblas que me ocultan la fealdad y la malicia del pecado. Inspiradme un horror tan grande a él, que llegue a aborrecerlo, si posible fuera, tanto como Vos mismo, y prefiera mil veces la muerte antes que volver a cometerlo.

Examen de conciencia

Examen general

Examinemos nuestra conciencia sobre los pecados cometidos durante este día, para con Dios, para con el prójimo, para con nosotros mismos… de pensamiento… palabra… obra… omisión…

Examen particular

Apuntar el número de faltas.

Pidamos a Dios perdón por nuestros pecados.

Vedme aquí, Señor, lleno de confusión y transido del más vivo dolor por mis pecados. Los detesto delante de Vos, con verdadero pesar de haber ofendido a un Dios tan bueno, tan digno de amor. ¿Podíais esperar esto de mí, después de haberme amado hasta derramar vuestra Sangre por mí? Verdaderamente, Señor, mi ingratitud ha sido extrema. Os pido humildemente perdón, y por vuestra misma bondad, cuyos efectos he experimentado tantas veces, os suplico me concedáis gracia para hacer, desde hoy, hasta la muerte, sincera penitencia.

Formemos el firme propósito de no pecar más.

¡Cuánto quisiera, Señor, no haberos ofendido jamás! Pero ya que he tenido esta desgracia, quiero probaros la sinceridad de mi arrepentimiento siendo mejor en adelante. Desde ahora renuncio al pecado y a toda ocasión de pecar. Muy especialmente evitaré las ocasiones en que con mayor frecuencia he recaído. Y con vuestra gracia, que con humildad os pido y espero firmemente, me esforzaré en el fiel cumplimiento de mis obligaciones, y nada será capaz de detenerme cuando se trate de vuestro divino servicio. Amén.

Pater noster, Ave Maria, Credo, Confiteor.

Encomendémonos a Dios, a la Santísima Virgen, a San José y a todos los Santos.

Bendecid, oh Dios mío, el descanso que voy a tomar para reparar mis fuerzas a fin de serviros mejor. Virgen Santísima, Madre de Dios y después de Él mi más firme esperanza, San José, Ángel de mi Guarda, Santos Patronos míos, y todos los Ángeles y Santos, interceded por mí, protegedme durante esta noche, todo el tiempo que dure mi vida y particularmente en la hora de mi muerte. Amén.

Roguemos por los vivos y por los fieles difuntos.

Bendecid, oh Señor, a mis padres, familiares, amigos y enemigos; proteged a todos los que me habéis dado por Superiores, tanto espirituales como temporales. Socorred a los pobres, a los afligidos, a los presos, a los viajeros, a los enfermos, a los agonizantes y a los que van a morir sin agonía. Convertid a los herejes y cismáticos, iluminad a los infieles, venced la contumacia de los judíos. Dios de bondad y misericordia, tened piedad de las almas de los fieles que están en el Purgatorio, especialmente de aquellas por las que estoy más obligado a rogar. Dadles el reposo y la luz eterna. Amén.

Oración a todos los Santos.

Almas bienaventuradas que tenéis la dicha de estar ya en la gloria, obtenedme dos cosas del que es nuestro Dios y nuestro Padre: que no le ofenda jamás mortalmente y que corrija en mí todo lo que le desagrade. Amén.


Antes de acostarte, rocía con agua bendita tu lecho y reza algo, por ejemplo: tres Avemarías por tu perseverancia, añadiendo luego las siguientes jaculatorias:

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.
En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

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