Apuntando de forma amplia, esta oración puede rezarse en toda ocasión.
El P. Gabriel Amorth acostumbra rezarla antes de cada uno de sus exorcismos.
Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, la Santísima Trinidad toda entera descienda sobre nosotros [o sobre N.].
Que la Virgen Inmaculada, los siete Arcángeles que están en presencia de Dios y todos los coros celestiales, los santos del Paraíso se inclinen hacia nosotros [o hacia N.].
Invístenos, Señor, transfórmanos, llénanos de Ti, sírvete de nosotros. Expulsa lejos de nosotros todas las fuerzas del mal, aniquílalas, destrúyelas para que podamos tener buena salud y hacer el bien. Expulsa lejos de nosotros: los maleficios, las brujerías, la magia negra, las misas negras, la mala suerte, los lazos, las maldiciones, el mal de ojo, la infestación diabólica, la posesión diabólica, la obsesión diabólica, todo lo que es mal, pecado, envidia, celos, perfidia; la enfermedad física, psíquica, moral espiritual y diabólica. Quema todos estos males en el infierno para que ya no nos abrumen, ni tampoco ninguna criatura en el mundo.
En el nombre de Jesucristo nuestro Salvador, por su Cruz ✠ gloriosa, por la intercesión de la Virgen Inmaculada y con la fuerza de Dios Todopoderoso, ordeno y mando a todos los espíritus malignos que se vayan inmediatamente, que nos dejen definitivamente y que se vayan al infierno eterno, encadenados por San Miguel Arcángel, San Gabriel Arcángel, San Rafael Arcángel y por nuestros Ángeles de la guarda, aplastados bajo el talón de la Santísima e Inmaculada Virgen María. Amén.

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