Al vestirte para salir de casa, di interiormente:
¡Ay, Señor, tanto cuidado en asear y ataviar un cuerpo que pronto será comido por gusanos; y tanto descuido en adornar de virtudes el alma, que ha de vivir eternamente! Despojadme, Dios mío, de la ropa del hombre viejo, con sus vicios y malos hábitos; y revestidme del nuevo, que fue creado por Vos en justicia y santidad verdadera.

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