Dirigid, Señor, mis pasos, guardad mis sentidos, y no permitáis que yo ande nunca por la senda de la iniquidad.
Dirigid, Señor, mis pasos como dirigisteis los de Tobías. El Arcángel San Rafael me acompañe y defienda de los lazos del mundo, para que vuelva a casa sin daño de alma y cuerpo.

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