Compuesta por Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz.
Oh Jesús, que en vuestra amarga pasión vinisteis a ser el oprobio de los hombres y el varón de los dolores: yo venero vuestro divino rostro, en el que resplandecían la afabilidad y dulzura de la divinidad, trocado ahora por mí como en el de un leproso. Mas debajo de esas deformes facciones descubro vuestro amor infinito, y me deshago en deseos de amaros y de hacer que os amen todos los hombres. Las lágrimas que brotaron de vuestros ojos parécenme perlas preciosas que deseo recoger, para comprar con su valor infinito las almas de los pobres pecadores.
Oh Jesús, cuyo semblante es la única belleza que me roba el corazón, yo me resigno a no ver aquí abajo la dulcedumbre de vuestra mirada, a no sentir el inefable beso de vuestra boca; mas os suplico que imprimáis en mí vuestra divina semejanza, y que me abraséis en vuestro amor, a fin de que éste me consuma rápidamente, y llegue yo muy presto a contemplar vuestro glorioso rostro en el cielo. Amén.
San Pío X concedió trescientos días de indulgencia cada vez que se rece esta oración, aplicables a las almas del Purgatorio.

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