℣. Dignaos, Dios mío, venir a ayudarme.
℟. Daos, Señor, prisa a socorrerme.
Gloria al Padre
Primer misterio
La primera vez que Jesús derramó su sangre por nosotros, fue el octavo día después de su nacimiento, cuando por obedecer la ley de Moisés quiso ser circuncidado. Sometióse el Salvador a este doloroso acto para expiar los pecados contra la pureza. Excitémonos al más amargo arrepentimiento de estas faltas y prometamos evitarlas en adelante.
Cinco Padrenuestros y un Gloria al Padre
Os suplicamos, Señor, que vengáis en auxilio de vuestros siervos, a quienes redimisteis con vuestra preciosa Sangre.
Segundo misterio
Al considerar Jesús la ingratitud con que habíamos de corresponder a su amor, derramó en el huerto de los Olivos un sudor tan copioso de sangre, que la tierra llegó a quedar empapada de ella. Dolámonos de haber correspondido tan mal a los innumerables beneficios de nuestro amable Salvador, y tomemos la resolución de aprovecharnos en adelante de sus gracias y lecciones.
Cinco Padrenuestros y un Gloria al Padre
Os suplicamos, Señor, que vengáis en auxilio de vuestros siervos, a quienes redimisteis con vuestra preciosa Sangre.
Tercer misterio
De nuevo derramó Jesús su sangre en la flagelación, que cubrió su cuerpo de profundas llagas, ofreciéndola al Padre en expiación de nuestras delicadezas e impaciencias. ¿Cuándo pondremos freno a nuestro genio irascible y a nuestro amor propio? ¡Ah! hagamos en adelante todos los esfuerzos posibles para sufrir con más valor las tribulaciones de esta vida.
Cinco Padrenuestros y un Gloria al Padre
Os suplicamos, Señor, que vengáis en auxilio de vuestros siervos, a quienes redimisteis con vuestra preciosa Sangre.
Cuarto misterio
En castigo de nuestros malos pensamientos y de nuestro orgullo corrió copiosa sangre de la cabeza de Jesús al ser coronado de espinas. ¿Continuaremos alimentándonos de pensamientos de vanidad y de imágenes capaces de manchar nuestros corazones? ¡Dios mío! haced que en adelante siempre tengamos presente nuestra fragilidad y miseria, y resistamos con firmeza a todas las sugestiones del demonio.
Cinco Padrenuestros y un Gloria al Padre
Os suplicamos, Señor, que vengáis en auxilio de vuestros siervos, a quienes redimisteis con vuestra preciosa Sangre.
Quinto misterio
¡Cuánta sangre derramó Jesús en el penoso camino que tuvo que recorrer para subir al Calvario, cargado con el pesado madero de la cruz! ¡Verdaderamente quedaron regados los lugares y las calles de Jerusalén por donde pasó! ¡Ay! ¡Todo esto lo padeció el amable Salvador para expiar los escándalos y malos ejemplos de los que arrastran a los demás al camino de perdición! Esforcémonos en adelante en contribuir a la salvación de nuestros hermanos, instruyéndolos, edificándolos, dándoles ejemplo de todas las virtudes propias de nuestra edad y estado.
Cinco Padrenuestros y un Gloria al Padre
Os suplicamos, Señor, que vengáis en auxilio de vuestros siervos, a quienes redimisteis con vuestra preciosa Sangre.
Sexto misterio
Adoremos la sangre que con mayor abundancia que nunca derramó Jesús al ser clavado en la cruz; abiertas sus venas, rasgadas sus arterias, taladrados sus pies y manos, corrió la sangre a raudales para expiar las iniquidades del género humano. ¡Ah! lloremos amargamente las nuestras; comencemos desde este momento y para siempre a llevar una vida conforme a las obligaciones que hemos contraído con Dios, y no olvidemos jamás que nuestra salvación costó a Jesús toda la sangre de sus venas.
Cinco Padrenuestros y un Gloria al Padre
Os suplicamos, Señor, que vengáis en auxilio de vuestros siervos, a quienes redimisteis con vuestra preciosa Sangre.
Séptimo misterio
Después de muerto nos dio Jesús las últimas gotas de su sangre cuando la lanza le abrió el costado y atravesó su divino Corazón; entonces salió agua mezclada con sangre, para darnos a entender que aquella sangre preciosa había sido toda derramada por nuestra eterna salvación. ¡Divino Redentor nuestro! ¿quién podrá dejar de amaros? ¿qué corazón dejará de abrasarse en vuestro amor al considerar todo lo que hicisteis por redimirnos?
Tres [para completar el número de treinta y tres] Padrenuestros y un Gloria al Padre
Os suplicamos, Señor, que vengáis en auxilio de vuestros siervos, a quienes redimisteis con vuestra preciosa Sangre.

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