Os adoro profundamente, ¡oh Jesús mío sacramentado! Os reconozco por verdadero Dios y verdadero hombre, y con este acto de adoración, me propongo suplir la frialdad de tantos y tantos cristianos que, al pasar por delante de vuestros templos, y tal vez hasta por delante del sagrado tabernáculo, en el cual os dignáis permanecer a todas horas con una amorosa impaciencia de comunicaros a vuestros fieles, ni siquiera os saludan, y con su indiferencia se muestran como los hebreos en el desierto hastiados de este maná celestial; y os ofrezco la preciosísima Sangre que derramasteis de la llaga de vuestro santo pie izquierdo, en desagravio de tan repugnante tibieza, y dentro de esta llaga repito una y mil veces: Alabanzas y gracias sean dadas en todo momento al santísimo y divinísimo Sacramento.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Os adoro profundamente, ¡oh Jesús mío! Os reconozco presente en el santísimo Sacramento, y con este acto de adoración me propongo suplir el desconocimiento de tantos cristianos que, viendo que vais a daros a los pobres enfermos para confortarlos en el grande viaje de la eternidad, os dejan sin acompañamiento, y apenas se dignan tributaros un acto de externa adoración; y en desagravio de tanta frialdad, os ofrezco la preciosísima Sangre que derramasteis de la llaga de vuestro pie derecho, dentro de la cual repito mil y mil veces: Alabanzas y gracias sean dadas en todo momento al santísimo y divinísimo Sacramento.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Os adoro profundamente, ¡oh Jesús mío, verdadero pan de vida eterna! Y con esta adoración, me propongo compensar las muchas heridas que sufre vuestro Corazón cada día con la profanación de las iglesias, en que os dignáis estar bajo las especies sacramentales, para ser amado y adorado de vuestros fieles; y en reparación de tantas irreverencias, os ofrezco la preciosísima Sangre que derramasteis de la llaga de vuestra mano izquierda, dentro de la cual repito a cada instante: Alabanzas y gracias sean dadas en todo momento al santísimo y divinísimo Sacramento.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Os adoro profundamente, ¡oh Jesús mío, pan vivo bajado del cielo! Y con este acto de adoración, me propongo reparar tantas y tantas irreverencias como cometen cada día vuestros fieles asistiendo a la santa Misa, en la cual, por un exceso de amor, renováis el mismo sacrificio, aunque incruento, que hicisteis ya en el Calvario por nuestra salud; y os ofrezco en reparación de tanta ingratitud, la preciosísima Sangre que derramasteis de la llaga de vuestra mano derecha, dentro de la cual uno mi voz a la de los Ángeles que os hacen devota corte, diciendo con ellos: Alabanzas y gracias sean dadas en todo momento al santísimo y divinísimo Sacramento.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Os adoro profundamente, ¡oh Jesús mío, verdadera víctima de expiación de nuestros pecados! Y os ofrezco este acto de adoración en desagravio de los ultrajes sacrílegos que recibís de tantos ingratos cristianos que se atreven a acercarse a recibiros en la Comunión con el alma manchada con pecado mortal. En reparación de tan abominables sacrilegios, os ofrezco las últimas gotas de vuestra preciosísima Sangre, que derramasteis de la llaga del costado, dentro de la cual vengo a adoraros, bendeciros y amaros, y a repetir juntamente con todas las almas devotas del santísimo Sacramento: Alabanzas y gracias sean dadas en todo momento al santísimo y divinísimo Sacramento.

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