Señor Jesús, Rey de reyes, Soberano de las naciones: llegado el momento de tener que decidir el destino de mi voto, te suplico humildemente envíes tu Santo Espíritu sobre mí y todos mis conciudadanos, para que iluminados con su luz ejerzamos este acto con entera libertad, sometiéndonos sólo a tu Ley eterna, comprometiéndonos con el Bien Común, responsables ante nuestra conciencia y en obediencia a tus mandamientos.
Te elijo a Ti como mi único Soberano.
Concédenos buscar primero la Justicia de tu Reino, confiando en que nos darás los demás bienes por añadidura. Amén.

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