Pongámonos en la presencia de Dios y adorémosle.
Santísima y augustísima Trinidad, único Dios en tres personas, creo que estáis aquí presente. Os adoro con los sentimientos de la más profunda humildad y os rindo de todo corazón el homenaje que es debido a vuestra soberana Majestad.
Acto de fe
Dios mío, creo firmemente las verdades que me habéis revelado y que enseñáis por vuestra Iglesia, porque Vos no podéis ni engañaros ni engañarnos.
Acto de esperanza
Dios mío, espero con firme confianza que me daréis, por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, vuestra gracia en este mundo y, si observo vuestros mandamientos, la felicidad eterna en el otro, porque Vos lo habéis prometido y sois fiel a vuestras promesas.
Acto de caridad
Dios mío, os amo de todo corazón y por encima de todas las cosas, porque sois infinitamente bueno e infinitamente amable, y amo a mi prójimo como a mí mismo por amor a Vos.
Demos gracias a Dios por los beneficios que nos ha hecho y ofrezcámonos a Él.
Dios mío, os agradezco humildemente todos los beneficios que hasta ahora me habéis hecho. Por efecto de vuestra bondad he llegado a este nuevo día, y quiero emplearlo únicamente en serviros. Os consagro todos los pensamientos, palabras, obras, penas y alegrías de este día. Bendecidlo todo, Señor, para que nada haya que no esté animado de vuestro amor y que no tienda a vuestra mayor gloria.
Tomemos la firme resolución de evitar el pecado y practicar la virtud.
Adorable Jesús, divino modelo de la perfección a la que debemos aspirar, me aplicaré cuanto pueda a hacerme semejante a Vos: dulce, humilde, obediente, casto, celoso, paciente, caritativo y resignado como Vos; y me esforzaré particularmente en no recaer en las faltas que cometo tan a menudo y de las que deseo sinceramente corregirme.
Pidamos a Dios las gracias que nos son necesarias.
Dios mío, Vos conocéis mi flaqueza, nada puedo sin el auxilio de vuestra gracia. No me la neguéis, oh Dios mío; concedédmela en proporción de mis necesidades; dadme fuerzas suficientes para evitar todo el mal que prohibís, para practicar todo el bien que de mí esperáis, y para que yo sepa sufrir pacientemente todas las penas que os pluguiere enviarme.
Pater noster, Ave Maria, Credo, Confiteor.
Invoquemos a la Santísima Virgen, a San José, a nuestro Ángel Custodio y a nuestros Santos Patrones.
¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco del todo a Vos; y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, ¡oh Madre de bondad!, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra.
Oh San José, custodio y padre de vírgenes, a cuya fiel guarda fueron encomendadas la misma inocencia, Cristo Jesús, y la Virgen de las vírgenes, María; por estas dos queridísimas prendas, Jesús y María, os suplico y ruego me concedáis la gracia de que, preservándome de toda inmundicia, sirva siempre con puro corazón, casto cuerpo y mente sin mancilla, a Jesús y a María. Amén.
Ángel de Dios, que eres mi custodio, pues a Ti me encomendó la soberana piedad, ilumíname, protégeme, dirígeme y gobiérname. Amén.
Gloriosos Santos, cuyos nombres tengo en honor de llevar, protegedme, rogad por mí, para que pueda servir a Dios como vosotros sobre la tierra, y glorificarle eternamente con vosotros en el cielo. Amén.

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