- Benignísimo Dios, inclinad a nosotros los oídos de vuestra misericordia, y con la gracia del Espíritu Santo iluminad nuestro corazón, para que merezcamos recibir dignamente vuestro santo Sacramento y amaros con eterno amor.
- Oh Dios, a quien está patente nuestro corazón y está hablando nuestra voluntad delante de Vos, a quien ningún secreto puede estar oculto; purificad los pensamientos de nuestra alma, infundiendo en nosotros el Espíritu Santo, para que merezcamos amaros perfecta y dignamente.
- Quemad, Señor, con el fuego del Espíritu Santo todo lo que haya de malo en nuestras entrañas y en nuestro corazón, para que os sirvamos con cuerpo puro y casto y os agrademos por la limpieza de nuestro corazón.
- Os rogamos, Señor, que el Espíritu Santo, que de Vos procede, ilumine nuestras almas y nos conduzca a toda verdad, según nos prometió vuestro Divino Hijo.
- Os rogamos, Señor, que sea con nosotros la virtud del Espíritu Santo, el cual purifique benignamente nuestros corazones y nos defienda de toda adversidad.
- Oh Dios, que por la iluminación del Espíritu Santo enseñasteis con celestial luz a las almas de los fieles, concedednos que por ese mismo Espíritu conozcamos el bien que hemos de practicar y gustemos siempre de sus consuelos.
- Os suplicamos, Señor, que visitéis nuestras conciencias para purificarlas; para que, al salir, encuentre en nosotros bien preparada su morada nuestro Señor Jesucristo, que con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.

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