Domingo 1 de noviembre de 2026 · Fiesta de todos los SantosFacebookInstagramContacto

Quince minutos en compañía de la Santísima Virgen de los Dolores

El alma. ¡Oh María, dulce y tierna Madre mía!, permite que el más indigno de tus hijos te acompañe unos instantes en tu triste soledad. Yo sé y confieso que no merezco acercarme a ti, Madre adorada, pues mis enormes pecados son los que han despedazado tu Corazón maternal y causado la muerte de tu Hijo adorado; pero, Madre de mi alma, no me rechaces. Acuérdate de que Jesús moribundo, desde lo alto de la Cruz, te pidió que me adoptases por hijo de tus ternuras, y tú, en medio de los martirios de tu Corazón, aceptaste el encargo de tu adorado Hijo. Déjame, pues, postrarme a tus pies, Madre desolada, y adorar mil y mil veces el Cuerpo sangriento de mi amado Jesús, que descansa entre tus brazos virginales.

María. Ven, hijo mío, ven a mezclar tus lágrimas con las de tu Madre dolorida. ¡Ah! Lejos de rechazarte, yo te ruego que no me dejes sola en mi dolor; mira que mi Corazón se halla sumergido en un océano de amargura. ¡Soy Madre y tengo entre mis brazos muerto al Hijo de mis entrañas, al tesoro de los cielos, al mayor amor de mi alma!… ¡Ah! Dime, hijo: ¿podrá haber dolor semejante a mi dolor? Mira este rostro hermosísimo, cubierto de sangre, en el cual se miraban los Ángeles del Cielo; heridas estas manos divinas que fabricaron el universo; despedazada la sacrosanta cabeza del Rey de Cielos y de la tierra; abierto el Corazón del Esposo inmaculado de las vírgenes… ¡Oh! ¡El pecado ha sido el asesino sacrílego de mi Hijo! ¡El pecado ha clavado el puñal en el Corazón de su pobre Madre! Ven, pues, hijo querido, acércate a consolarme; que yo, en cambio, te permitiré besar las llagas de tu dulce Jesús y lavar con tus lágrimas la sangre de sus heridas.

El alma. ¡Oh Madre mía amantísima!, mírame postrado a tus pies, dolorido y deshecho en lágrimas, contemplando los martirios de tu purísimo Corazón. ¡Ah! ¿Cómo puedo yo, Madre querida, llamarme hijo tuyo, cuando hasta hoy no he sabido más que huir del sufrimiento y rechazar la Cruz? ¿Y cómo puedo decir que te amo, cuando no tengo valor para arrancar ese puñal que atraviesa tu Corazón y clavarlo en el mío? ¡Oh Madre dulcísima!, ten piedad de mí, pues soy mil veces indigno de tenerte por Madre. Tú, sumergida en un océano de amargura, y yo, en vez de consolarte con mis sacrificios, no sé sino quejarme cuando la más ligera espina punza mi corazón. Tú, por amor mío, sufres intensísimos dolores, y yo, miserable, no pienso más que en regalos y comodidades; con mano temblorosa aparto el cáliz que Jesús acerca a mis labios, y si llego a beber algunas gotas es sólo porque no puedo evitarlo. Tú, abandonada del Cielo y de la tierra, sola con el cadáver de tu divino Hijo entre tus brazos, aceptas con generosidad heroica este cruel abandono y, en vez de quejarte, ofreces al Padre Eterno ese cuerpo despedazado, único tesoro de tu alma, por la conversión de los mismos verdugos de tu Hijo, y yo, Madre mía, no sé más que lamentarme, gemir y llorar cuando Jesús se aleja de mí o me retira sus celestiales consuelos. ¡Ah, Madre generosa! ¡Madre amantísima de mi alma, perdona a este indignísimo hijo tuyo que, en vez de seguir tu ejemplo e imitar tu generosidad en el sacrificio, no ha sabido más que retroceder cobarde y vergonzosamente ante los desprecios, las humillaciones y la Cruz! ¡Oh Madre de mi alma! Yo te ruego, por amor a ese Hijo adorado que tienes muerto en tu regazo, por su Sangre preciosísima y por los martirios de tu purísimo Corazón, me des el espíritu de sacrificio, pues bien sé que no puedo ser verdadero hijo tuyo ni ofrecerte el más pequeño consuelo en medio de tus dolores si no bebo el cáliz del sufrimiento y llevo con valor, y aun con alegría, la ensangrentada Cruz de mi amado Jesús. Déjame, ¡oh Madre dolorosísima!, permanecer siempre junto a ti; déjame vivir constantemente adorando a Jesús muerto entre tus brazos; aquí, a tus pies, aprenderé a amar hasta la muerte y a sufrir hasta morir. Bendíceme, ¡oh María!, con la ensangrentada mano de tu divino Hijo; coloca sobre mi cabeza su corona de espinas para que en ella cifre mi única gloria, y déjame acercar mis labios a la llaga de su sacratísimo costado, a fin de beber las gotas de purísima sangre que brotan de esa herida mil veces bendita.

María. Hijo mío muy amado, acércate a mí con verdadera confianza; soy tu Madre; no temas, pues te amo con sin igual ternura y sólo deseo tu felicidad. ¡Ah! no olvides jamás todo cuanto por tu amor he sufrido y, siempre que contemples a Jesús crucificado, recuerda los indecibles martirios que tuve que soportar al pie de la Cruz para llegar a ser tu Madre. Sí, hijo mío, para engendrarte a la vida espiritual, tuve que consentir en la muerte del adorado Hijo de mis entrañas, de este Hijo que yo había recibido del Cielo, y a quien amaba más que a mi propia vida. Míralo aquí, en mis brazos, helado y frío cadáver, y a mí, su pobre Madre, triste y desamparada, ofreciendo a la Justicia divina esta víctima preciosa para que tú y todos los hombres puedan entrar en el Cielo. Dime, hijo, ¿qué más pude sufrir para probar al mundo la generosidad de mi amor maternal? ¡Oh! y ¡cuán pocas son las almas que corresponden a mi amor! ¡Cuán pocas las que se ocupan en meditar los dolores de mi Corazón! Ven, al menos tú, hijo querido, a compadecerte de mis penas y a llorar conmigo; ven a aprender de tu Madre a sufrir con generosidad, abrazándote gustoso a la cruz del sacrificio. ¡Ah! si de veras me amas, hijo mío, y quieres dar algún consuelo a mi Corazón afligido, es preciso que te portes como verdadero amante de Jesús. Escucha su voz divina que te dice: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». Sé generoso en seguirle, sacrificando en aras del amor tu voluntad y hasta tu propio corazón. No temas las cruces ni las humillaciones; antes por el contrario, recíbelas como ricas joyas que han de adornar tu alma y llenarla de méritos para el Cielo. Sí, hijo mío, desde la Cruz al Cielo, el camino es corto y fácil. ¡No hay más que un paso!

Compartir:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.