Se recita desde la Trinidad hasta Adviento.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A ti clamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.
Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
℣. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Oremos.
Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo has preparado el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre, María, para que fuese digna morada de tu Hijo; concédenos a los que nos alegramos con su conmemoración, que por su piadosa intercesión nos veamos libres de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén.
🇻🇦 Salve, Regina
Salve, Regína, Mater misericórdiæ, vita, dulcédo et spes nostra, salve.
Ad te clamámus, éxsules fílii Hevæ. Ad te suspirámus geméntes et flentes in hac lacrimárum valle.
Éia ergo, advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte.
Et Jesum benedíctum fructum ventris tui, nobis, post hoc exsílium, osténde.
O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria!
℣. Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Oremus.
Omnípotens sempitérne Deus, qui gloriósæ Vírginis Matris Maríæ corpus et ánimam, ut dignum Fílii tui habitáculum éffici mererétur, Spíritu Sancto cooperánte, præparásti: da, ut cujus commemoratióne lætámur, ejus pia intercessióne, ab instántibus malis, et a morte perpétua liberémur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.
℟. Amen.

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