Oh Dios mío crucificado, heme aquí a vuestros pies; no queráis rehusarme ahora que vengo a Vos como pecador. Jesús mío, tanto os he ofendido en lo pasado, pero ya no será más así. Delante de Vos, Dios mío, presento todas mis culpas [recuerda en silencio las culpas que oprimen tu alma]; las he considerado ya, y veo que no merezco perdón; mas echad una mirada sobre vuestros padecimientos y mirad cuánto vale la Sangre que corre de vuestras venas. Cerrad, Dios mío, en estos momentos los ojos a mis desméritos y abridlos a vuestros méritos infinitos y, ya que os habéis complacido en morir por mis pecados, perdonádmelos todos para que jamás sienta su peso, puesto que, oh Jesús, el peso me oprime demasiado. Ayudadme, Jesús mío, para que a toda costa llegue a ser bueno. Arrancad, destruid, aniquilad todo lo que se encuentra en mí no conforme a vuestra voluntad. Pero os ruego, Jesús, me iluminéis para que camine en vuestra santa luz. Amén.

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