Pasión de Jesús
¡Medita la pasión del Señor! No encontrarás mejor libro para tu meditación. Es el libro al que se refería San Pablo, cuando decía a los fieles de Corinto (1, 2-1, 2): «Yo, hermanos míos, cuando vine a predicaros el Evangelio de Cristo, no lo hice con sublimes discursos, ni sabiduría humana… Puesto que no me he preciado de saber otra cosa entre vosotros, sino a Jesucristo, y éste crucificado». Es el libro que pedía San Francisco de Asís, estando enfermo, para su lectura y meditación: «Mi libro –decía– es Jesús crucificado». Ahí tienes, oh cristiano, al Salvador crucificado; ése es el divino libro que vio en su apocalipsis el Apóstol San Juan, escrito por dentro y por fuera: Vidi librum scriptum intus et foris (V, 1). Por fuera, con los dolores del cuerpo, con las sagradas llagas; por dentro, con las amarguras del alma. Libro abierto en que todos pueden leer: los sabios y los ignorantes, los grandes y los pequeños, los justos y los pecadores. Libro en el que debes aprender a aborrecer el pecado, a amar al que tanto te amó y a sacrificarte por el que se ofreció como víctima y se sacrificó por tu rescate.
