Domingo 1 de noviembre de 2026 · Fiesta de todos los SantosFacebookInstagramContacto

Acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús I

Corazón de Jesús, adorable santuario del amor de Dios a los hombres, ¿podremos jamás deplorar bastante el exceso de nuestras ingratitudes? ¡Dios mío! Vos nos habíais amado desde toda la eternidad, nos habíais creado a vuestra imagen, nos habíais dado el ser para derramar en nosotros los bienes de que sois fuente inagotable, y quedar plenamente satisfecho haciéndonos eternamente felices. Sin embargo, el hombre se hace culpable, desconoce vuestro amor, y se rebela contra Vos. ¡He aquí, sin duda, un motivo para que le abandonéis! Mas ¡oh prodigio de amor! entonces precisamente es cuando, más liberal y misericordioso que nunca, os dignáis anonadaros para rescatarnos, hasta el punto de tomar la forma de siervo; entonces es cuando aparecéis en la tierra como el más amable de los hijos de los hombres, y tomáis un corazón como el nuestro para obligar a nuestros corazones a daros amor por amor.

¡Corazón divino, Corazón abrasado en las más vivas llamas de la caridad!, juntasteis en Vos mismo nuestras miserias y nuestros dolores. ¡Corazón infinitamente santo, fuente purísima de justicia e inocencia!, cargasteis con las iniquidades de todo el mundo, apurando su amargura, y fuisteis castigado por nuestras maldades y, junto con vuestra Sangre adorable, derramasteis en la tierra las bendiciones que la consuelan y las gracias que la purifican. ¡Y nosotros, Señor, no hemos correspondido sino con pecados a tanto amor! Los hombres ya no quieren amaros, ya no quieren conoceros; de día en día va siendo menos respetada vuestra ley, y se ve desaparecer hasta el recuerdo de vuestro Nombre; vuestros templos están desiertos, vuestros sacramentos abandonados, vuestra religión despreciada. Embriagados con el amor de los falsos placeres, con los bienes perecederos del mundo, no se acuerdan los cristianos de vuestro amor sino para contristar vuestro Corazón con la indiferencia, o ultrajarlo con mil desórdenes.

¡Dios mío! ¿halláis todavía corazones fieles en la tierra? Aun entre los que os conocen, ¿los hay bastante agradecidos que os den amor por amor? En cuanto a nosotros, de quienes os habéis dignado acordaros en vuestra misericordia, si no os amamos todavía tanto como merece vuestra ternura, a lo menos, ya lo sabéis, deseamos sinceramente amaros.

Mirad, Señor, desde lo alto de vuestro eterno trono, a este corto número de almas fieles que el dolor, el agradecimiento y el amor traen en este momento a vuestros pies. ¡Oh!, ¡que no podamos daros con el sacrificio total de nosotros mismos toda la gloria que el mundo y el infierno os quieren arrebatar! Mas ¿quién podrá, Dios mío, reparar vuestra gloria ultrajada? ¿Quién, sino Vos, tendrá poder para ello? Recurrimos, pues, a vuestro adorable Corazón en favor de los que os desconocen. ¡Oh Corazón misericordioso! perdonad a estos ciegos, a estos ingratos, o si es preciso que os venguéis, vengaos como conviene a vuestra gloria: lanzad, Señor, sobre nosotros y sobre todos los mortales, no los azotes de vuestra cólera, sino los dardos inflamados de vuestro amor.

Vencidos de este amor, seamos para siempre vuestros discípulos y, después de haber practicado las virtudes de que sois perfectísimo modelo, podamos algún día participar de la felicidad que nos habéis prometido. Amén.

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