Divino Jesús, ahí presente en ese altar, llenos de dolor al ver las ingratitudes y ofensas con que los hombres no cesan de afligir vuestro Corazón, venimos agobiados con el peso de nuestros pecados y los de todos los hombres a postrarnos a vuestros pies como otras tantas víctimas, para desagraviaros y ofreceros una solemne reparación.
Perdonad, Jesús mío, todos nuestros pecados; si perdonasteis a vuestros verdugos desde el árbol de la cruz, conceded también el perdón a los pecadores contritos y humillados; acordaos de vuestras misericordias, unid nuestro dolor al vuestro y olvidad nuestros crímenes. Destruid, Señor, en nosotros todo lo que os desagrada; dadnos lo que pueda hacernos capaces de aplacar vuestra justicia y, a pesar de nuestra indignidad, seremos oídos.
Corazón sagrado de Jesús, apiadaos del sumo Pontífice y de nuestra madre la santa Iglesia; sed, como lo tenéis prometido, la salvación del pueblo cristiano, el amparo de los que recurren a Vos y el refugio de los pecadores. Dignaos concedernos también la gracia de consagrarnos completamente a vuestro servicio, de poder ganaros muchas almas y de participar de la herencia que tenéis prometida a los que os aman. Amén.

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