¡Oh Señora victoriosa!, Vos que tenéis tan poderoso influjo ante vuestro Divino Hijo para vencer los corazones más endurecidos, interceded por aquellos por quienes elevamos nuestras súplicas, a fin de que, ablandados sus corazones por los rayos de la Gracia Divina, retornen a la unidad de la verdadera Fe. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

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