Dulcísimo Jesús, fuente inagotable de amor, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, a Vos que, a pesar de nuestras miserias e indignidades, os habéis dignado abrirnos los inefables tesoros de vuestro corazón, yo, [decir nombre], en acción de gracias por los innumerables beneficios que habéis derramado sobre mí y sobre los demás hombres, en agradecimiento, sobre todo, por la institución de la divina Eucaristía, y por el amor inefable que os mueve a inmolaros todos los días por la salvación del mundo, en reparación de los ultrajes que yo y los demás hombres hemos hecho tantas veces a vuestro Corazón amantísimo en este misterio de vuestra inmensa caridad para con nosotros, y en unión del divino Apostolado que sin cesar ejercéis en el santo tabernáculo para la mayor perfección de los justos y la conversión de los infieles, herejes y pecadores, me consagro todo entero a vuestro Corazón sacratísimo por la salud de esas almas; os ofrezco, con este mismo objeto, todo cuanto me pertenece, todos mis bienes, todos los méritos que he adquirido y pueda adquirir por vuestra gracia, y prometo propagar, en cuanto me lo permita mi debilidad, el culto de vuestro divino Corazón, y secundar su Apostolado.
Además, elijo a la bienaventurada Virgen María, reina de los Apóstoles y refugio de los pecadores, para que sea mi Madre de una manera especialísima. Me consagro y me ofrezco también, con todo cuanto me pertenece, a su purísimo Corazón, proponiéndome especialmente imitar su tierno amor por los pecadores y, a fin de socorrerlos con más eficacia, prometo difundir, en cuanto pueda y según el espíritu de la Iglesia, el culto de su Concepción inmaculada y de su Corazón compasivo.
Así, pues, suplícoos, oh mi dulcísimo Jesús, y a vuestra bondad infinita, que os dignéis recibir este holocausto en olor de suavidad, y que así como me habéis inspirado el deseo de ofrecerlo, me concedáis también abundante gracia para realizarlo. Amén.
Hecho el día [______] del mes [______________] del año [______].
Advertencia. Esta consagración y ofrenda, tan agradable a las almas devotas del Sagrado Corazón, ha sido hecha por muchas de ellas en forma de voto y, entre los que así lo han verificado, no hay una que no confiese haber sido para ella fuente de las mayores gracias, por cuya razón se le da generalmente el nombre de Tesoro de la verdadera santidad. Por lo demás, ese voto no tiene por qué asustar a nadie, puesto que no impone más obligación que la de hacer durante el año algunos actos interiores en honor del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, con la intención de alcanzar la conversión de los pecadores. Si a esto se añaden algunas prácticas exteriores, como, por ejemplo, distribuir estampas o libritos del sagrado Corazón, hablar de esa devoción en público o en particular, propagar la medalla milagrosa, inducir a algunas personas a que entren en la Archicofradía o en el Apostolado de la Oración, etc., puede el que esto verifique estar seguro de haber hecho más de lo que exige la obligación que con dicho voto ha contraído.
Por lo demás, y a fin de evitar y desvanecer las dudas y los escrúpulos que puedan suscitarse acerca de esto, la persona que desea hacer este voto puede consultar a su director, para saber de él el tiempo por el cual debe hacerlo y el modo de cumplirlo según su posición.
A fin de recoger más abundantes frutos de esta devoción podrá renovarse el voto el primer viernes de cada mes.

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