Entronización del Sagrado Corazón en las Familias
El Corazón de Jesús es Rey de los individuos, de las familias, de las sociedades. ¡Quiere y debe reinar por su Corazón! No reina en muchos corazones que Lo ignoran, en tantos hogares donde reina la indiferencia o el paganismo, en nuestras sociedades modernas que Lo excluyen, persiguen o desprecian. Y sin embargo, tiene que reinar, y sin Él no hay paz posible. Proclamemos su realeza en nuestras familias, colocando su imagen en el lugar de honor, símbolo sagrado y permanente de adoración, de reparación, de sumisión de amor filial. Una familia tras otra, reconquistemos a su amor al mundo entero. Será la prenda infalible y única de la paz, la alegría y la felicidad.
Modo de hacer la Consagración de la Familia al Sacratísimo Corazón de Jesús
Ante todo, el sacerdote bendice la imagen con la oración del Ritual; después, en el lugar preparado previamente, el jefe de la familia hace el ofrecimiento de la casa al Señor:
Dignaos visitar, amadísimo Señor Nuestro Jesucristo, con todo el amor de vuestro divino Corazón, en compañía de vuestra dulce Madre María, esta casa que os ofrecemos según nuestra pobreza. Hoy, que os echan tantos de todas partes, nosotros os recibimos muy gustosos en nuestra casa y os tendremos en ella perpetuamente. Aquí estamos todos reunidos para recibiros. Queremos, Señor, que viváis a nuestro lado, que participéis en nuestra suerte, de nuestras alegrías y de nuestras tristezas, de nuestra riqueza y de nuestra pobreza, de nuestra salud y de nuestra enfermedad, de nuestro honor y de nuestra humillación. Santificad el juego de nuestros niños, el amor de nuestros jóvenes, el trabajo de nuestros hombres y los recuerdos de nuestros ancianos.
Os pedimos que nos iluminéis en nuestras dudas, que nos advirtáis en nuestros peligros, que nos defendáis en nuestras tentaciones, que nos dirijáis en nuestras resoluciones, especialmente en la elección de nuestra vida y estado; y, sobre todo, que perdonéis nuestros pecados y nos inflaméis siempre en vuestro divino amor.
Atraednos, Señor, más y más hacia Vos. No apartéis de nosotros vuestros ojos en nuestra muerte. Vivid con nosotros, como un padre en medio de sus hijos, siendo Vos nuestro Rey y nosotros vuestros vasallos; Vos mandando y nosotros obedeciendo, y conservándonos siempre en vuestro santo temor y filial amor. A los de nuestra familia que están en el cielo, traedlos a este acto con Vos. Si algunos de nuestros parientes están en el Purgatorio, libradles ya de aquellas penas, y a todos los que están ausentes acá en la tierra, como los juntamos nosotros ahora en el recuerdo, juntadlos hoy Vos en nuestro corazón por el amor y la caridad.
Bendecid, Señor, a los de la casa, y a los amigos aquí presentes.
¡Señor! No somos dignos de que entréis en nuestra pobre morada. Pero Vos, que fuisteis a la del Centurión, y entrasteis en la de Zaqueo y vivisteis en la de María Magdalena, dignaos entrar y vivir aquí siempre, hasta que todos vayamos pasando de esta casa a la vuestra del Cielo. Amén.
Padrenuestro, Avemaría, y Réquiem por los difuntos de la familia.
A continuación se lee de rodillas lo siguiente:
Fórmula de Consagración
¡Oh Sacratísimo Corazón de Jesús, Vos manifestasteis a Santa Margarita María el deseo de reinar sobre las familias cristianas: venimos hoy a proclamar vuestro absoluto dominio sobre la nuestra!
De hoy en adelante, queremos vivir de vuestra vida, queremos que en el seno de nuestra familia florezcan las virtudes a cuyos poseedores prometisteis la paz en la tierra, y queremos desterrar de nosotros el espíritu mundano que Vos condenasteis. Vos habéis de reinar en nuestros entendimientos por la sencillez de nuestra fe, y en nuestros corazones por el amor de Vos solo, en el cual arderán para Vos solo, procurando mantener viva esta llama con la frecuente recepción de la divina Eucaristía.
Dignaos, oh Corazón divino, presidir nuestras reuniones, bendecid nuestras empresas espirituales y temporales, apartad nuestros cuidados, santificad nuestras alegrías, consolad nuestras penas. Si alguno de nosotros tiene la desgracia de ofenderos, recordadle, oh Corazón de Jesús, que sois bueno y misericordioso para con los pecadores arrepentidos. Y cuando suene la hora de la separación, cuando venga la muerte a lanzar el duelo en medio de nosotros, todos, así los que se vayan como los que se queden, estaremos conformes con vuestros eternos decretos. Nos consolaremos pensando en que ha de venir un día en el cual toda la familia, reunida en el Cielo, podrá cantar eternamente vuestras glorias y beneficios.
Dígnese el Corazón Inmaculado de María, dígnese el glorioso Patriarca San José presentar a Vos esta consagración y recordárnosla todos los días de nuestra vida.
¡Viva el Corazón de Jesús, nuestro Rey y nuestro Padre!
Nota: Para ganar las indulgencias concedidas a este hermoso acto es necesario:
• En primer lugar, que asista un sacerdote (la primera vez que se hace el acto de consagración) y que éste sea quien haga la consagración.
• En segundo lugar, se debe usar la fórmula de consagración de San Pío X, que es la que aquí se ha puesto.

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