Cristo resucitó, ¿resucitará la Iglesia?

Por el R. P. Bernardo Arizaga – Sacerdote de la F.S.S.P.X
Sermón del Domingo I después de Pascua

No era cosa fácil para Jesús convencer a sus mismos discípulos que Él, después de haber muerto, había vuelto a la vida. Con sus ojos, algunos lo habían visto sufrir sobre la Cruz; habían visto la herida de su pecho. Con sus manos habían tocado el frío cuerpo, lo vieron ser bajado del madero y lo habían sepultado. Por eso, no podían creer que estaba vivo: ¡Los muertos no se vuelven a la vida por sí mismos!

Sin embargo, Él, antes de morir lo había dicho. Mas la resurrección es una cosa tan difícil, que interpretaron sus palabras como una parábola.

Recordemos las dos apariciones que narra el Evangelio de hoy, las cuales hizo Jesús para que volvieran a afirmar su fe en él; y luego saquemos algún fruto para nosotros.

Primera aparición de Jesús

El Domingo, el mismo día en que Nuestro Señor, había resucitado, hacia la noche, estaban los 11 apóstoles y algunos discípulos en el cenáculo (Lc. 24, 33: sí estaban los 11 apóstoles). Las puertas estaban cerradas por miedo a los judíos. Ellos estaban platicando sobre las noticias que tenían de la resurrección de Nuestro Señor y cómo ya se les había aparecido a San Pedro y a las santas mujeres.

En eso llegaron los dos discípulos que venían de Emaús, Cleofás y San Lucas, y les contaron lo que les había pasado a ellos: cómo Jesús se les había aparecido y no lo habían reconocido, cómo les explicó las Escrituras en el camino, y cómo lo reconocieron al partir el pan.

El apóstol Santo Tomás, que estaba escuchando todo esto, no quiso creer; tampoco había querido creer los testimonios de San Pedro, de otros apóstoles y de las santas mujeres que decían haber visto a Nuestro Señor, y por eso, disgustado se salió del cenáculo.

Un poco tiempo después de que Tomás se había ido, Jesús mismo se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz sea con vosotros».

Los discípulos se quedaron sobrecogidos y llenos de temor pues creían ver a un espíritu.

Pero Jesús les dijo: «¿Por qué estáis turbados? y ¿por qué se levantan dudas en vuestros corazones? Mirad mis manos y mis pies: soy Yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que Yo tengo» (Lc. 24, 38).

Entonces, Nuestro Señor les mostró sus manos y sus pies. Estaban los apóstoles tan turbados y confusos, que aún con ver y tocar sus manos llagadas, no acababan de creer que era el mismo Jesús a quien hablaban y tocaban.

Pero como seguían incrédulos, Jesús, para convencerlos más les dijo: «Tenéis por ahí algo que comer». Y le presentaron un trozo de pez asado y un poco de miel. Y Él comió delante de todos. Y tomando de las sobras se las dio. «Los discípulos se llenaron de gozo viendo al Señor» (Jn. 20, 20).

Comentario: No es que Jesús tuviese hambre, sino que era para probarles que tenía un cuerpo real (que no era un fantasma). Y este acto de Jesús les sirvió. Pues ellos después lo usaron como un argumento de su verdadera resurrección. Dirán más tarde: «Nosotros, que con Él comimos y bebimos».

Y Jesús, después les dijo: «Esto es aquello que Yo os decía, cuando estaba todavía con vosotros, que es necesario que todo lo que está escrito de Mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos se cumpla».

Y entonces Jesús les abrió la inteligencia para que comprendieran las Escrituras que hablaban de su pasión, muerte y resurrección al tercer día.

Jesús les volvió a decir: «La paz sea con vosotros, como mi Padre me envió, así os envío también a vosotros». Y soplando sobre ellos, les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos».

Y después de decir esto, desapareció el Señor, dejándolos consolados y fortalecidos en su fe.

Comentario: Con éstas últimas palabras Nuestro Señor instituyó solemnemente el Sacramento de la Penitencia.

Luego, los apóstoles le contaron todo a Santo Tomás; le dijeron: «Hemos visto al Señor».

Pero Tomás respondió: «Si yo no veo en sus manos la señal de sus clavos y no meto mi dedo en el agujero que le hicieron y mi mano en su costado, no creeré».

Comentario: Santo Tomás era muy duro de cabeza, pero muy generoso de corazón: antes de la Pasión, cuando ya los judíos buscaban a Jesús para matarlo, y Él se dirigía otra vez a Jerusalén, Tomás era el que había dicho: «Vayamos también nosotros a morir con Él» (Jn. 11, 14-16).

Pero su dureza servirá para garantizar aún más el hecho de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo; es como si dijésemos: “Si Tomás, que era muy duro de convencer, creyó, ¿Quién no creerá?”. O como dice el P. Castellani: «Tomás dudó para que nosotros creyéramos».

Segunda aparición

Y así, Jesús, 8 días después (el siguiente Domingo), se vuelve a aparecer. Y ésta vez Tomás sí estaba presente.

Comentario: Dice San Juan Crisóstomo que Jesús no se apareció antes para que Tomás, instruido por los otros apóstoles y oyendo, se inflamara con mayor deseo de ver a Nuestro Señor.

Nuestro Señor Jesucristo los saludó diciéndoles: «La paz sea con vosotros».

Comentario: Santo Tomás, al ver a Jesús, debió haberse sentido muy avergonzado…

Y entonces Jesús, para cumplir los deseos de Tomás, y para manifestar que Él estaba presente cuando Tomás no quiso creerle a los demás discípulos, usó sus mismas palabras y dijo: «Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y mete tu mano en mi costado, y no seas incrédulo sino fiel» (Jn. 20, 27).

Nuestro Señor le hizo tocar sus llagas.

Comentario: Se conserva en Roma una reliquia de Santo Tomás: un dedo, con el cual habría tocado las llagas de Nuestro Señor, y del cual, en la punta, su carne se mantiene incorrupta.

Incredulidad de Santo Tomás - Marten de Vos

Entonces Santo Tomás se postró en tierra y dijo: «Señor mío, y Dios mío». Y Jesús le respondió: «Porque me has visto, Tomás, has creído. Bienaventurados los que creyeren sin haber visto». Estas palabras de Jesucristo nos deben animar a permanecer firmes en nuestra fe, a nosotros, que tenemos que creer sin haber visto a Jesús, sin haberlo visto hacer milagros.

Santo Tomás tenía una gran virtud: que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias, y por eso fue después a propagar el evangelio:

  • Fue a Egipto, Etiopía, Arabia, India, China, Tíbet, Rusia, Japón.
  • En todas partes obraba grandes maravillas, sanaba enfermos, echaba demonios.
  • Él mismo contaba su incredulidad anterior, y cómo fue convencido.
  • Establecía maestros de la fe, dejaba discípulos.
  • Muriendo, finalmente, martirizado, siendo atravesado por una lanza por proclamar su fe en Jesucristo resucitado.

Nosotros también, queridos fieles, animados con este ejemplo de Santo Tomás, permanezcamos firmes en nuestra fe a pesar de todo lo que estamos viendo y viviendo en esta crisis de la Iglesia.
Nuestro Señor sufrió su pasión. También la Iglesia, su esposa mística, para asemejarse a su divino esposo, ha padecido y seguirá padeciendo, siguiendo un viacrucis similar por el que pasó Jesús:

Nuestro Señor Jesucristo La Iglesia
Fue perseguido por los judíos. Ha sido perseguida desde el principio por los judíos de muchas maneras, y después por la masonería judaica: sembrando divisiones, herejías, cismas, errores, etc.
Fue traicionado por su apóstol Judas.  Y negado por San Pedro. La Iglesia también ha sido traicionada, y por su mismo Vicario, al proclamar el Ecumenismo, la Libertad religiosa: En Asís, cuando el papa rezó con las otras religiones, prácticamente negó que Nuestro Señor sea el Único Dios verdadero y que nuestra religión Católica sea la única verdadera, la única arca de salvación.
Fue cautivado (hecho prisionero). Fue hecha prisionera, por ejemplo, cuando, por la infiltración de los enemigos dentro la Iglesia, se han apoderado de Ella, tomando el control: entre otras cosas, han impedido que los miembros conservadores defendieran eficazmente los principios católicos de siempre en el Concilio Vaticano II; la mayoría liberal consiguió lo que quería.
Fue dejado al arbitrio de Herodes y Pilatos (de los poderes políticos), para que lo juzgaran, para que hicieran con Él lo que quisieran. La autoridad civil ya no respeta la Iglesia; se declara la independencia de la Iglesia y del Estado; se quita de las constituciones políticas lo que favorece al catolicismo; algunas naciones han perseguido a la Iglesia, han usurpado sus bienes, la han sometido.
Por culpa de los judíos, no soltaron a Nuestro Señor, sino que liberaron a Barrabás. Los judíos liberaron en el mundo a las sectas, las apoyaron (proliferaron), y a la Iglesia no le han dado libertad, sino que le han seguido poniendo obstáculos.
Lo condenaron a muerte. A la Iglesia la han condenado a muerte desde hace mucho tiempo, particularmente cuando la masonería se propuso explícitamente ese fin: “Hay que destruir a la infame”, decía Voltaire, refiriéndose a la Iglesia.  De los Papeles Secretos de la Alta Venta de los Carbonarios (1824): «El trabajo que vamos a emprender (la destrucción de la Iglesia) no es obra de un día, ni de un mes, ni de un año; puede durar varios años, quizás un siglo; pero en nuestras filas el soldado muere y el combate continúa… lo que debemos buscar es un Papa según nuestras necesidades, un Papa que esté imbuido de principios humanitarios… no dudamos de que llegaremos a ese término supremo de nuestros esfuerzos».
Fue flagelado, casi desangrado, molido. Fue flagelada, y flagelada por sus mismos miembros, al declararse en el Concilio Vaticano II grandes errores que la hicieron sangrar: la libertad religiosa, el falso ecumenismo, la colegialidad. Más que hacerla desangrar, la están autodemoliendo: «Asistimos a la autodemolición de la Iglesia» (Pablo VI).
Fue coronado de espinas y humillado. Fue humillada con los pedidos de perdón, por cosas que ha hecho en su pasado glorioso. Se pidió perdón por las cruzadas; por no haber entendido a los hermanos separados; por haber tratado duramente a los judíos, etc.  Es humillada cuando se da publicidad sin medida a los pecados de obispos y sacerdotes.
Cargó con su cruz. Carga con todas las consecuencias desastrosas del Concilio Vaticano II: cambios en la Liturgia, en los Sacramentos, en la disciplina, miles de sacerdotes y religiosos que dejan los hábitos, millones de fieles que se han pasado a diferentes sectas.
Es despojado de sus vestiduras. Es despojada de lo más sagrado que tenía: El Santo Sacrificio de la Misa; las Iglesias son despojadas de sus altares, de las imágenes de Santos, de la música sacra, etc.
Fue crucificado. Los clavos atravesaron sus nervios. Es crucificada, sin poderse mover, sin nadie fuerte que la defienda, ni a Ella ni a sus principios de siempre, ninguna nación, ni siquiera el mismo Papa.  Es atravesada hasta sus nervios y fundamentos cuando se destruyen hasta los principios más básicos del orden natural, como la familia; se destruye la patria potestad, se promueven las uniones de quien sea con quien sea.
Nuestro Señor quedó muy solo en la Cruz. Sus discípulos lo abandonaron. Quedará desolada, habrá una gran apostasía. Dijo Nuestro Señor Jesucristo: «¿Acaso cuando Yo venga encontraré la fe sobre la tierra?»
Nuestro Señor entró en agonía y murió en la Cruz. La Iglesia nunca morirá, lo prometió Nuestro Señor. Pero parecerá que agoniza al verse reducida a su más lamentable estado cuando aparezca el Anticristo. Él llevará a cabo la más grande persecución, suprimirá el Sacrificio, la abominación se sentará en el lugar santo.

   
Cuando el triunfo del enemigo parezca concretarse, entonces estará más cerca su derrota. Nuestro Señor Jesucristo destruirá al Anticristo con el soplo de su boca. La Iglesia se habrá purificado y hermoseado para su divino esposo.

Queridos fieles, esto le espera a la Iglesia de Dios; pero ánimo, mantengamos nuestra fe, no olvidemos nunca las palabras de Nuestro Señor: «Las puertas del infierno nunca prevalecerán contra ella». La victoria ya está obtenida, ya está decretada, ya está escrita. ¡Para encontrarnos del lado de los vencedores sólo tenemos que seguir luchando!

Debemos prepararnos para el martirio, para hacernos cortar la cabeza, si fuera necesario; pero tenemos que mantener firme nuestra fe.

¡No dejemos corromper nuestra fe por las innovaciones modernas!

Dijo Dios por boca de San Pablo: «Si alguien, aunque sea un ángel bajado del cielo, os enseñare algo diferente de lo que yo os he enseñado, sea anatema».

Y no sólo nadie debe quitarnos nuestra fe, sino ni siquiera disminuirla. Bien decía Monseñor Lefebvre: «Nadie puede obligarnos a disminuir ni siquiera un poco nuestra fe», y por eso, él concluía: «nos negamos, y siempre nos hemos negado, a seguir a la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que claramente se manifestó en el Concilio Vaticano II y, después del Concilio, en todas las reformas que le han seguido. Todas estas reformas, de hecho, contribuyeron y contribuyen, además, en la demolición de la Iglesia, la ruina del sacerdocio, del Sacrificio del Altar y de los Sacramentos…» (Declaración de noviembre de 1974).

Durante un Retiro sacerdotal, en septiembre de 1987, Mons. Lefebvre dijo: «Lo que le interesa a todos ustedes es conocer mis impresiones después de la entrevista con el Cardenal Ratzinger el 14 de Julio último. Lamentablemente debo decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía. Éstas no son palabras al aire, es la verdad: ROMA ESTÁ EN LA APOSTASIA».

¿Pero de qué habló, qué dijo el Cardenal Ratzinger en esa ocasión para que Mons. Lefevbre dijera eso?

Mons. Lefevbre nos resume: El Card. Ratzinger decía que la sociedad no debe ni puede ser cristiana, que esto es contra la naturaleza de la sociedad, que nuestro Señor no puede ni debe reinar en las sociedades, que la conciencia humana es libre en relación a Nuestro Señor, que hay que dejar en libertad a los hombres, que hay que darles un espacio social autónomo.

Y por eso concluía Mons. Lefebvre: «Todo esto es la descristianización de la sociedad; y por eso, nosotros no podemos estar de acuerdo con Roma».

Bien profetizó Nuestra Señora de La Salette cuando dijo: «Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo».

Conclusión

¡Conservemos nuestra fe, es el mayor tesoro que tenemos! ¡Que nadie nos lo quite o disminuya! Sigamos el ejemplo de Santo Tomás y demos hasta nuestras vidas por conservar íntegra nuestra fe.

Y para animarnos en esta lucha, recordemos siempre dos Bienaventuranzas que nos dio Nuestro Señor Jesucristo:

  • Él le dijo a Santo Tomás: «Bienaventurados los que creyeren sin haber visto». Sí, queridos fieles: Bienaventurados los que a pesar de esta gran crisis y de lo que falta por venir, siguen creyendo y manteniendo su fe, y esto a pesar de no ver ninguna salida ni solución posible.
  • ¡Mejor todavía! Dijo Jesús: «Bienaventurados seréis cuando os insulten, os persigan y digan todo mal contra vosotros a causa de Mí…». Es como si dijera: “Bienaventurados seréis cuando os insulten, os persigan y digan todo mal contra vosotros: sí, cuando os llamen cismáticos, excomulgados, integristas, fundamentalistas… Bienaventurados seréis cuando os hagan esto por causa de Mí, por defender mi realeza social, mi doctrina, mi santa Misa, mis sacramentos…”

«EN VERDAD, EN VERDAD OS DIGO: GOZAD Y SALTAD DE ALEGRÍA, PUES VUESTRA RECOMPENSA SERÁ GRANDE EN EL REINO DE LOS CIELOS».

QUE ASÍ SEA.
AVE MARIA PURISIMA,
SIN PECADO CONCEBIDA.

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2 pensamientos sobre “Cristo resucitó, ¿resucitará la Iglesia?”

  1. R P Bernardo Arizaga gracias por la información de lo que pasara con la Santa Iglesia Catolica, Apostolica y Romana. En verdad, considero que como hijos de Nuestro Señor Jesucristo debemos amarlo al 100% por ciento es por ello que nuestra mejor manera de demostrarselo es dando la vida por su pasión. Ademas tenemos que ser agradecidos que a estas alturas de la vida (modernismo) aún conservemos la fe en el y podamos ser salvos. He visto a muchas personas con nuestra edad deastruidos y poseidos por ese luz bel. Agradezco que Nuestra Señora nos proteja y nos guie por el camino derechito hacia su Santo hijo.
    Saludos padre. qUe Dios lo Bendiga.
    Aqui estoy leyendo en internet con Katy GARCÍA.

    ATT.
    JUSTO GOMEZ Y KATY GARCIA

  2. R.P. Bernardo Arizaga he leido atentamente el documento, y me parece muy interesante la enseñanza con Santo Tomas muchas personas en la actualidad necesitan tener mas viva la fe hacia la doctrina de nuestro Señor Jesucristo, no hay que ver para creer. el cielo lo ganan los humildes, los que no necesitan ver cosas extraordinarias por eso cada dia debemos parecernos mas a Nuestro Señor, no solo con la humildad si no con la verdadera pasion (sufrimiento).

    saludos padrecito. Que Nuestro Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja con su Santo Manto.

    ATT:

    Katy P. García Rubio

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