Santa Madre de Dios, ¿qué sufrimiento se puede comparar a tu agonía de recibir al hijo macilento -a tu Jesús- bajo la cruz sombría? Y en el altar de tus maternos brazos arrancar las espinas de su frente, abrazarte a su carne hecha pedazos y repasar sus llagas tiernamente… ¿Qué angustia puede ser más tormentosa […]


